miércoles, 20 de mayo de 2020

Entre la soledad o el odio.

Aquí no queda sopor, ni sueños,
no queda más que campo yermo.

En la tiniebla de nuestra soledad
reside la salvación de nuestro espíritu
y el renacer del tiempo.

En la olvidada barbarie,
en el desterrado recuerdo,
acecha el abrazo gélido y cruel
del perecer o seguir muriendo.

O te aferras al miedo o el miedo te lleva,
o te entregas al silencio
o la sordera se convierte en frontera
de las dos patrias que nunca se unieron,
de las mitades de un ser 
que siguen, aún hoy, combatiendo.

Abrazo pétreo de nuestro indolente espíritu
que arrastra consigo la poca voluntad que nos queda.

Desamor latente en el corazón del tiempo,
desgarro del camino, caminar es cuento,
acechando en la vereda el indomable espectro.

¿Dónde queda el verso que nuestros padres marcaron?

¿Dónde la lluvia que limpió el estercolero?

No fue, ni será, el relato
tal como nos convencieron. 

Entre la soledad y el odio,
entre la agonía del tiempo.

Abojo, en el arroyo tierno, no queda ya consuelo,
sino pena e historia de los que ya se fueron,
de los valientes ingenuos que por cobardes murieron.

viernes, 17 de abril de 2020

Ascensión


Reanudó el ascenso, una subida empinada que lo separaba de dios sabe qué. La mayor parte del tiempo no pensaba demasiado en ello, recordaba toda una vida de escalada por aquella inclinada ladera, quizás una prueba, quizás una maldición. Hacía tiempo que había dejado de plantearse aquellas cuestiones tan dolorosas, lo único que importaba era avanzar, tan deprisa como pudiera, y la cima se iba haciendo más visible a cada paso.

miércoles, 8 de abril de 2020

El Dragón y la Doncella




Jorge despertó. El rugido del dragón atravesaba las paredes del castillo hasta llegar a la celda en la que se encontraba. No sabía muy bien qué estaba pasando, pero tenía aquella extraña sensación que tantas veces le había invadido, ese desasosiego que acompañaba sus pesadillas. Amortiguado por los bramidos de la horrible bestia, apenas podían escucharse las súplicas y sollozos de la Doncella indefensa, aquella inocente criatura que sufría los pesares del aliento de fuego.

martes, 19 de noviembre de 2019

Cuidemos del Tiempo

Cuidemos de los más débiles,
de los que sufren y no encuentran consuelo,
de los animales y los niños,
de los hombres y mujeres hambrientos,
de los árboles inmoviles atrapados
                                        en el silencio.

Cuidemos de la luz,
de las noches en el estrellado cielo,
del aire que respiramos
y que tan solo nos da la vida,
de los tiempos que se avecinan
                               y los hombres rectos.